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BIBLE VERSIONS / La Biblia RVP / El Nuevo Testamento / Lucas

La Biblia RVP - Reina-Valera Purificada

Marcos Lucas Juan

Capítulo 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24

1 Y JUNTANDO a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades.

2 Y los envió para predicar el reino de Dios, y para sanar los enfermos.

3 Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordones, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos vestidos cada uno.

4 Y en cualquiera casa que entrareis, quedad allí, y salid de allí.

5 Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos.

6 Y saliendo ellos, rodeaban por todas las aldeas, predicando el evangelio, y sanando por todas partes.

7 Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía, y estaba en duda, porque decían algunos: Que Juan había resucitado de los muertos;

8 Y otros: Que Elías había aparecido; y otros: Que algún profeta de los antiguos había resucitado.

9 Y dijo Herodes: A Juan yo le degollé: ¿quién pues será éste, de quién yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.

10 Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte a un lugar desierto de la ciudad que se llamaba Bethsaida.

11 Y cuando las gentes lo supieron, le siguieron; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que tenían necesidad de ser curados.

12 Y el día había comenzado a declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide la multitud, para que yendo a las aldeas y campos de alrededor, se alberguen y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto.

13 Y les dijo: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más de cinco panes y dos peces, si no vamos nosotros a comprar viandas para toda esta gente.

14 Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar por ranchos de cincuenta en cincuenta.

15 Y así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos.

16 Entonces él tomó los cinco panes, y los dos peces, y mirando al cielo los bendijo, y partió, y dio a sus discípulos para que pusiesen delante de la multitud.

17 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce canastos de pedazos.

18 Y aconteció, que estando él solo orando, estaban con él los discípulos, y les preguntó, diciendo: ¿Quién dicen las gentes que YO SOY?

19 Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.

20 Y él les dijo: ¿Mas vosotros, quién decís que YO SOY? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios.

21 Entonces él amenazándolos, les mandó que a nadie dijesen esto,

22 Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y que sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.

23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.

24 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará.

25 Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y se pierda él a sí mismo, o se destruye a sí mismo?

26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando vendrá en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.

27 Y os digo de verdad, que hay algunos de los que están de pie aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.

28 Y aconteció, como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, y a Juan, y a Jacobo, y subió a un monte a orar.

29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra; y su vestido blanco y resplandeciente.

30 Y, he aquí, dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés, y Elías,

31 Que aparecieron en gloria, y hablaban de su fallecimiento, la cual había de cumplir en Jerusalem.

32 Y Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueño; y como despertaron, vieron su gloria, y a los dos varones que estaban de pie con él.

33 Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice a Jesús: Maestro, bien es que nos estemos aquí; y hagamos tres tabernáculos, uno para ti, y uno paraMoisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que se decía.

34 Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor, entrando ellos en la nube.

35 Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, a él oíd.

36 Y pasada aquella voz, Jesús fue hallado solo; y ellos callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.

37 Y aconteció el día siguiente, que descendiendo ellos del monte, un gran gentío le salió al encuentro;

38 Y, he aquí, que un hombre de la multitud clamó, diciendo: Maestro; ruégote que veas a mi hijo, el único que tengo.

39 Y, he aquí, un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza de modo que echa espuma, y apenas se aparta de él quebrantándole.

40 Y rogué a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.

41 Y respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá.

42 Y como aún se acercaba, el demonio le derribó, y le despedazó; mas Jesús reprendió al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y le volvió a su padre.

43 Y todos estaban atónitos del gran poder de Dios. Y mientras que todos se maravillaban de todas las cosas que Jesús hacía, él dijo a sus discípulos:

44 Poned vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.

45 Mas ellos no entendían esta palabra; y les era encubierta para que no la entendiesen, y temían de preguntarle de esta palabra.

46 Entonces entraron en disputa, cuál de ellos sería el mayor.

47 Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y le puso junto a sí,

48 Y les dijo: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, a mí recibe; y cualquiera que me recibiere a mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será grande.

49 Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre, y se lo vedamos, porque no sigue con nosotros.

50 Jesús le dijo: No se lo vedéis, porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.

51 Y aconteció que cuando se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir a Jerusalem.

52 Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, a fin de preparar para él.

53 Mas no le recibieron, porque su rostro era de hombre que iba a Jerusalem.

54 Y cuando sus discípulos Jacobo y Juan vieron esto, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como también hizo Elías?

55 Entonces volviendo él, les reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois:

56 Porque el Hijo del hombre no es venido para destruir las vidas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea.

57 Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, yo te seguiré donde quiera que fueres.

58 Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline su cabeza.

59 Y él dijo a otro: Sígueme. Mas él dijo: Señor, déjame que primero vaya, y entierre a mi padre.

60 Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren a sus muertos; mas tú ve, y predica el reino de Dios.

61 Entonces también dijo otro: Seguirte he, Señor: mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.

62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mirare atrás, es apto para el reino de Dios.

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